O de como los datos oficiales de las instituciones del Gobierno y los datos reales de las organizaciones feministas se contradicen.
A penas faltan 4 días para que finalice este
año 2012. Este desastroso año que se puede definir utilizando términos como “crisis”,
“estafa”, “copago”, “repago”, “tazaso”, “desahucios”, “suicidios”, “recortes”, “huelgas”,
“corrupción política”… Vamos, el año
internacional del desmantelamiento del Estado de Bienestar por unas/os
vanidosas/os y corruptas/os gobernantes, tanto nacionales como internacionales,
que han decidido que nuestras vidas son su mercancía y con ellas comercian como
si no nos diéramos cuenta.
En estas fechas, además del desfasado e
hipócrita mensaje del Rey, al que afortunadamente hace caso menos gente cada año,
comienzan a ver la luz los resúmenes, noticias y estadísticas sobre los
acontecimientos más relevantes del año. Entre ellos se encuentran datos
relacionados con el empleo, con el número de desahucios, con el número de
jóvenes que han tenido que abandonar el país para buscarse la vida… En definitiva,
números que reflejan de manera cuantitativa como va la situación del país pero
que no reflejan datos cualitativos como el dolor, sufrimiento, ansiedad y
desesperación por el que está pasando la ciudadanía de este país.
Pero no es mi intención hablar de lo que
acontece estos días en los medios de comunicación –pues cualquiera que disponga
de unos minutos y aún le quede estómago para saber lo que sucede en nuestro
país, o lo que quieren contarnos, puede echar un vistazo a la red, a la
televisión…-. El objetivo de este post es centrar la atención en los informes y
datos estadísticos que aparecen estos días, recogidos a lo largo del año 2012,
y que tienen que ver con la consecuencia más extrema de violencia de género, es
decir, con las víctimas de dicha violencia que han pagado con su vida el estar
inmersas en esta cultura patriarcal. Las mujeres y sus hijas/os a las que se
les ha arrebatado la vida, como de las relaciones de desequilibrio de poder que
se producen entre hombres y mujeres y en la que las víctimas, -le pese a quien
le pese- son las mujeres.
Esta mañana del 27 de diciembre de 2012,
aparecía el períodico digital 20minutos.es una noticia titulada “Sólo 8 de las 46 mujeres asesinadas este año
por violencia de género, había denunciado”. Y con sólo leer el titular ya
empezó el tradicional escalofrío cuando intuyo que lo que voy a leer en las
siguientes líneas va a crearme una serie de preguntas que tardaré en poder
responder. Porque, vamos a ver, ¿qué significa eso de 8 de 46 habían
denunciado? Soy muy retorcida o se está diciendo, entre líneas y de una manera
frívola, que las mujeres han muerto porque no denunciaron lo suficiente. –Aunque
claro, tal y como afirman los forofos de este Gobierno “las víctimas de
violencia de género están denunciado por encima de sus posibilidades”. Continuo
esperando el día en el que esos forofos interioricen que a las mujeres se nos
está agrediendo a diario por encima de las posibilidades de cualquiera-.
Cierto es que las denuncias y las medidas de
protección son un instrumento incuestionable para proteger la vida de las
mujeres y sus allegados pero, ¿no es igual de cierto que si este gobierno se ha
dedicado en los últimos 12 meses a desmantelar todo el sistema de protección y
atención integral a las víctimas de violencia de género, estas no podrán hacer
uso del mismo? ¿No se dan cuenta de que estas mujeres no sólo están siendo
víctimas a manos de sus parejas sino también a manos de las instituciones? ¿O que
son víctimas de las medidas de algunos ministros que hacen que la justicia sea
de “repago”? O simplemente, quien haya escrito este artículo ¿no se da cuenta
de la situación psicológica de miedo, terror y shock en la que se encuentran
las mujeres víctimas de violencia de género?
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Datos reales /datos oficiales de las víctimas de violencia de género 2012. |
Viñeta: "Yo no soy feminista pero"... "Simplemente pasando por ser decorativas es un poco aburrido". "En realidad, yo realmente soy feminista".
Dejando esas cuestiones de lado –por el
momento- y otra tan básica como que sólo en el título del artículo se habla de “víctimas”
y en el resto de la noticia se habla de “muertas”, cuando es más que obvio que
sí, desgraciadamente están muertas pero si lo están es porque es el resultado
final de ser ASESINADAS. Ya sabemos que las mujeres han fallecido pero es
preciso dejar claro que han fallecido porque algún hombre LAS HA MATADO. En
dicho artículo no se refleja que son víctimas de la violencia de género, son fríos
números y datos estadísticos, son mujeres que han muerto. Pero, además, ¡oh qué
suerte!, “es el año en el que menos mujeres han muerto por violencia de género
desde 2003, según el Ministerio”, dice la noticia. Y ahí es donde yo quería
llegar.
Cuando se habla de los datos relacionados con
las víctimas de violencia de género nos enfrentamos con el binomio datos oficiales/datos reales, y el
dominio del maquillaje estadístico que tiene, en este caso en concreto, el
Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Según la RAE –sí, sé que quienes componen
dicha Academia tiene un carnet del club “Misogino-men” y que las definiciones
que proponen están cargadas de prejuicios machistas y obsoletos, pero es lo que
tenía más a mano-, en su edición online el significado de la palabra Oficial es: “Que es de oficio, o sea
que tiene autenticidad y emana de la autoridad derivada del Estado, y no
particular o privado”. O sea, lo que dicen las
Instituciones del Estado, lo cual en este momento es un poco contradictorio
teniendo en cuenta la falta total de credibilidad de quienes gobiernan. Y, por
otro lado, define la palabra “real” como: “que
tiene existencia verdadera y efectiva”. Entiéndase, lo que realmente
sucede.
¿Y por qué hago esta aclaración? Ahí
va la respuesta. Según datos oficiales del Gobierno de España, el número de
víctimas de violencia de género en lo que va de 2012 asciende a la terrible
cantidad de 46 mujeres. Para determinar dicha cantidad el Gobierno usa como parámetros
la definición que aparece en la Ley Orgánica 1/2004 de Protección Integral de
las víctimas de violencia de género. Concretamente en el artículo 1º en la que
entiende como Violencia de Género “la violencia que, como manifestación de la
discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los
hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o
hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por
relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”. Es
decir, que utiliza como argumento el que la víctima mantenga o haya mantenido
algún vínculo afectivo con el agresor.
Pero, según datos Reales de la Red Estatal de
Organizaciones Feministas contra la Violencia de Género, el total de víctimas
de violencia de género cuyos casos se conocen han sido de 72. Es decir, 26
mujeres de diferencia. ¿Y esto por qué ocurre? Pues porque la Red Feminista
utiliza en su sistema para computar aquellos casos cuyas características –tras hacer
las comprobaciones pertinentes- se ajustan a la recogida en la definición de”
Violencia contra la Mujer” que recoge la Declaración sobre la eliminación de la
violencia contra la mujer / Resolución de la Asamblea General de 48/104 del 20
de diciembre de 1993. Y
en la que se computan todos los casos de violencia de género, incluidos los
producidos por asalto sexual con resultado de muerte o como consecuencia del
tráfico de mujeres o prostitución, etc. Es decir, que incluye otras formas de
violencia de género como la prostitución, la trata de mujeres, las agresiones
sexuales, además de tener en cuenta otros datos –aunque no computen- como los
de “víctimas indirectas” de estos casos que normalmente se corresponden con
terceras personas: vecinas/os que intentan proteger a la víctima, familiares, etc.
Es decir, que ni los datos abalados por el
Gobierno son tan buenos como quieren hacernos creer –y no lo serán hasta que no
dejen de existir muertes de mujeres por el simple hecho de serlo- ni son tan
reales como nos quieren vender. Son datos oficiales, dotados de alguna
credibilidad y determinados según parámetros muy cerrados limitados por
vínculos afectivos con el agresor. La realidad está en la calle, en la
sociedad, en el día a día y los datos resultantes de dicha realidad no se
registran en ninguna estadística. Mujeres que se suicidan como resultado de
relaciones marcadas por el machismo y la consiguiente violencia en la pareja;
mujeres que pierden todo y en muchos casos la vida como resultado de la
estructura patriarcal en la que se sustenta este sistema y en la que las
mujeres ocupamos el último escalón; mujeres que enferman de manera crónica ya
que las leyes actuales son incapaces de darle respuestas a sus situaciones. En
resumen, mujeres invisibles.
No obstante, además de tanto los datos
oficiales como los reales que conocemos, no podemos olvidarnos del resto de
víctimas de esta desastrosa lacra social que es el machismo: las hijas e hijos
de estas mujeres, que no sólo pierden a su madre sino que deben cargar el resto
de sus vidas con que sus padres son unos asesinos; así como el resto de
familiares, amigas/os y conocidas/os de las víctimas cuyas vidas quedan
marcadas para siempre. Y tampoco debemos olvidarnos de las feministas, que
sabemos no sólo que detrás de cada uno de estos terroríficos casos existen
muchas vidas, sino que conocemos y hemos dejado claro a lo largo de la Historia
que hasta que quienes gobiernan, legislan y toman decisiones desde sus altos
cargos no se conciencien del este problema y tengan en cuenta las propuestas existentes
para luchar contra semejante situación, las muertes y sus efectos colaterales
jamás terminarán.
27 de diciembre de 2012.